La colaboración entre El Plan de la Mariposa y Los Pericos no solo representa un encuentro musical, sino un cruce generacional de lenguajes, emociones y raíces. Su nueva canción, “Amor Bonsai”, es el tercer adelanto del próximo disco de Los Pericos, y lleva en su esencia la poesía intensa, la conexión emocional y la ritualidad sonora que distingue a la banda oriunda de Necochea.
Con más de una década sobre los escenarios y una creciente presencia internacional, El Plan de la Mariposa se ha convertido en una de las voces más potentes y personales del rock argentino contemporáneo. Su impronta artística va más allá del sonido: es una experiencia viva. Cinco hermanos —de los siete músicos que integran la banda— canalizan desde el escenario una energía tribal, orgánica, donde el acordeón, el violín, los sintetizadores y una base rockera sólida construyen un universo sonoro único. Un ritual colectivo que ha llenado estadios como el Diego Armando Maradona de Argentinos Juniors, el Movistar Arena, el Luna Park y el Estadio Obras, marcando hitos que reafirman su fuerza de convocatoria.
Ese ADN profundamente humano y espiritual late con fuerza en “Amor Bonsai”, una canción que utiliza la imagen del árbol miniatura como metáfora de un amor que, cuidado con atención y respeto, se expande más allá de sus límites aparentes. En esta pieza, el Plan aporta su narrativa sensible, texturas emocionales y vuelo poético, fundiéndose con el groove reggae característico de Los Pericos para dar forma a una obra tan sentida como luminosa.

La sinergia entre ambas bandas es evidente. Lejos de cualquier intento forzado, esta colaboración nace desde un entendimiento mutuo, una búsqueda compartida: “La canción pedía otra energía, otra sensibilidad. Enseguida pensamos en El Plan de la Mariposa. Su poesía, su intensidad y su conexión con la música encajaron perfecto”, expresaron Los Pericos. Y ese ajuste se siente: “Amor Bonsai” vibra en una frecuencia en la que ambos proyectos dialogan sin perder su esencia.
El videoclip, dirigido por 4Bismo y filmado en un vivero, eleva la metáfora visual al máximo. Rodeados de verde, tierra y luz natural, los músicos interpretan la canción en un espacio que evoca ciclos, paciencia, cuidado y transformación: elementos esenciales tanto para el amor como para la música.
Este lanzamiento no es solo una canción más en el repertorio de dos proyectos consagrados. Es un puente sonoro y simbólico que reafirma el poder de la colaboración en el arte latinoamericano. Uno donde el cuidado por las formas pequeñas —como ese bonsái— puede florecer en algo mucho más grande de lo esperado.


