René Pérez Joglar nunca ha sido un narrador lineal. Desde sus años al frente de Calle 13, su obra ha orbitado alrededor de una misma obsesión: identidad, memoria, territorio. Ahora esa pulsión encuentra un nuevo formato. El artista puertorriqueño debutará como director de largometraje con PORTO RICO, un drama histórico de gran escala con espíritu de western caribeño que busca reinterpretar la historia de la Isla desde una mirada visceral y cinematográfica.
El proyecto, coescrito junto al guionista ganador del Óscar Alexander Dinelaris (Birdman), contará con un elenco encabezado por Bad Bunny —en su primer papel protagónico en la gran pantalla— y actores de peso internacional como Viggo Mortensen, Edward Norton y Javier Bardem. La producción está respaldada por Live Nation Studios y 1868 Studios, la nueva plataforma creativa impulsada por Residente junto a Sony Music Latin, con la participación como productor ejecutivo de Alejandro G. Iñárritu.
Un sueño de infancia convertido en película
“He soñado con hacer una película sobre mi país desde que era niño. La verdadera historia de Puerto Rico siempre ha estado rodeada de controversia”, declaró Residente al anunciar el proyecto. La frase no es retórica. PORTO RICO se plantea como una épica histórica inspirada en hechos reales, con una narrativa que mezcla tensión política, conflicto territorial y afirmación cultural.
El western caribeño no funciona aquí como simple estética: implica frontera, choque de poderes y resistencia, trasladados al contexto histórico de Puerto Rico. En ese cruce entre género clásico y memoria latinoamericana, Residente intenta resignificar el relato desde adentro.
La cámara como extensión de la palabra
Aunque este será su primer largometraje de ficción, la relación de Residente con la dirección no comienza aquí. Durante los últimos años ha asumido el control creativo de varios de sus videoclips, consolidando una identidad audiovisual clara.
En 2017 dirigió “Desencuentro”, una pieza íntima que dialoga con la vulnerabilidad emocional desde una puesta en escena sobria. En 2022 tomó la dirección de “This Is Not America”, un videoclip de fuerte carga política que expandió el discurso de la canción hacia una crítica continental sobre identidad y poder. En 2024 dirigió “313”, homenaje visual que contó con la participación de Penélope Cruz, reafirmando su interés por el cruce entre música y narrativa cinematográfica.
Su vínculo con el lenguaje documental también es clave. El filme Residente exploró sus raíces culturales y genéticas a través de un viaje global que conectó África, Europa y el Caribe. Más que un documental musical, fue un ensayo audiovisual sobre pertenencia. Desde entonces, sus live sessions y piezas visuales han mantenido una coherencia estética: planos largos, carga simbólica y construcción narrativa más allá del performance.
Del rap a la ficción histórica
Residente ha construido su carrera como uno de los narradores más influyentes de la cultura puertorriqueña y latinoamericana contemporánea. Con 34 premios Grammy y Latin Grammy, su obra musical ha sido un espacio de confrontación política y reflexión social. El cine aparece como una expansión natural de esa voz.
Además de su faceta musical, ha incursionado como actor en producciones como In the Summers y Frank & Louis, lo que le permitió conocer el lenguaje cinematográfico desde el set. Sin embargo, PORTO RICO representa algo distinto: no es una participación, es la construcción total del universo narrativo.
Más allá de la tendencia
En un contexto donde la presencia latina en la industria global es cada vez más visible, el debut de Residente como director no responde únicamente a una tendencia cultural. Se trata de apropiarse del relato. De decidir cómo se cuenta la historia de Puerto Rico y desde qué mirada.
La elección de Bad Bunny como protagonista no solo une a dos de las figuras más influyentes de la música latina actual; también conecta generaciones que han convertido la identidad caribeña en un eje discursivo global.
PORTO RICO no es un giro de carrera inesperado. Es la consecuencia lógica de un artista que siempre pensó en imágenes mientras escribía versos. Si su música ha sido una crónica sonora del Caribe contemporáneo, su salto al cine promete ser la versión visual de esa misma batalla narrativa.


