Radar Equal: nueve lanzamientos para escuchar esta semana

Radar Equal: nueve lanzamientos para escuchar esta semana

Una casa de infancia pintada de un extraño color menta terminó escondida dentro de una de las canciones más sencillas de cliché. aLex vs aLex estaba tomando aire durante una sesión con Blaketheman1000 cuando recordó a su abuelo pintando aquella casa; apareció una guitarra, unas líneas casi abstractas y, poco después, “2000”.

Ese origen accidental encaja bien con un EP que encuentra placer en quitarle solemnidad a emociones bastante transitadas. Cinco canciones recorren distintas formas del amor sin buscar una identidad sonora rígida. “2000” es el momento donde todo se queda especialmente quieto: guitarra acústica, melodías directas y un outro que comienza a desdibujar la habitación después de haber pasado buena parte del tema hablando en voz baja.

La artista guatemalteca radicada en Nueva York entiende aquí algo valioso sobre los clichés: sobreviven porque seguimos regresando a ellos. La diferencia está en encontrar un detalle —una pared menta, una memoria familiar, una melodía que parece conocida desde la primera escucha— capaz de hacerlos personales otra vez.

Tres músicos entrando en una sala de estar para ensayar terminaron haciendo algo más difícil de fabricar en un estudio: conservar el momento exacto en que una canción todavía está aprendiendo cómo quiere sonar.

Leandro Aquistapacie grabó batería, bajo y teclado en vivo para estas tres piezas y dejó que la interacción entre músicos determinara buena parte de la forma. “Estoy bastante orgulloso” mira la amistad desde los cambios que trae crecer; “temporada de lluvia” recupera una canción publicada originalmente en Capítulo 2; “el levante” entra en el repertorio de Rubén Rada y encuentra ahí el punto más revelador del EP.

La composición de 1985 mantiene su picardía y romanticismo, pero adquiere una elasticidad soulera que mira hacia Nueva York sin perder el pulso rioplatense. Esa distancia entre origen y nueva interpretación resulta especialmente fértil: la canción sigue reconociéndose mientras el trío encuentra pequeños huecos donde acomodar su propia respiración.

El living termina funcionando como parte del arreglo. Se escucha la intención de tocar juntos antes que la necesidad de producir una versión definitiva, y ese estado intermedio le queda bien a canciones construidas alrededor del encuentro.

Interpol siempre pareció llegar unos minutos antes que los demás a cualquier lugar de Nueva York, suficientemente arreglados para que incluso el descontento tuviera buena sastrería. En This Mirror Weighs a Ton, esa elegancia ha envejecido junto con ellos.

Andrew Wyatt produce un álbum donde el trío entra en una etapa más pulida sin desprenderse de la inquietud que históricamente ha recorrido sus canciones. El arte de portada proviene del Whitney Museum y la música comparte algo de esa sensación: espacios amplios, superficies impecables y pensamientos que empiezan a volverse incómodos cuando uno permanece demasiado tiempo frente a ellos.

Paul Banks todavía escribe como si una amenaza pudiera aparecer doblando cualquier esquina. En la canción titular, radios y voces interiores vuelven a interferir con la tranquilidad aparente. El paso del tiempo ha cambiado los cuartos donde ocurre esa paranoia; su capacidad para instalarse dentro de ellos permanece intacta.

Dan Auerbach escuchó a The Animeros desde una azotea durante SXSW. Era apenas el segundo concierto del grupo y tuvo que investigar un poco antes de averiguar quién estaba tocando. El encuentro terminó llevando al trío de Austin hasta Nashville, donde grabaron su debut para Easy Eye Sound con Auerbach detrás de la producción.

Ese origen parece apropiado para un disco que funciona mucho por descubrimiento. Mauro Lopez, Nicolas Sánchez y Nick Tozzo llevan más de una década moviéndose dentro de la escena latina de Austin y comparten una obsesión particular por la cumbia, aunque ¡Qué Bárbaro! la deja viajar bastante: soul latino, Tex-Mex, chicha, cumbia psicodélica y música instrumental imaginada como si también estuviera acompañando westerns, persecuciones o desiertos interminables.

Todo fue grabado en vivo. Timbales, congas, bongós, guacharaca, güiro y guitarras vintage conservan una precisión física difícil de separar del movimiento. El tema titular lleva Latin soul con suficiente actitud para hacer que caminar dos cuadras parezca una entrada triunfal; “Danza de Los Saguaros” y “Ponchote de Ritmo” dejan que Sudamérica aparezca filtrada por Texas.

Aquí la tradición funciona como vocabulario. La conversación que construyen con ella es completamente contemporánea.

Funk, pop alternativo y una actitud tomada del R&B de los noventa acompañan una letra sobre merecimiento, ambición y las expectativas que aparecen cuando la identidad se construye entre más de un lugar. Nacida en Santo Domingo y criada en Turín, YEИDRY escribe desde esa convivencia permanente entre culturas; la migración aparece aquí como experiencia emocional antes que como concepto.

Es el tercer adelanto de Como Agua, su debut previsto para el 18 de septiembre. El álbum recorrerá migración, sanación y autodescubrimiento mediante tres ideas —remedio, ritual y espejo— y “Mentira” ocupa especialmente bien la última: mirarse suficientemente cerca como para descubrir qué deseos son propios y cuáles llegaron desde fuera.

Hay además algo divertido en escuchar esa discusión interna sobre una base que sabe perfectamente dónde colocar el cuerpo. A veces el ego también necesita groove.

Once años son suficientes para que un regreso comience a sentirse como la aparición de alguien perteneciente a otra versión del mundo. Sound & Color salió en 2015; Alabama Shakes vuelve ahora a un paisaje bastante distinto y Brittany Howard parece incapaz de observarlo sin encontrar simultáneamente asombro, agotamiento y rabia.

Ese estado explica I Must Be Dreaming. Howard puede pasar del grito soul de “Another Life” a enumerar el deterioro de la vida estadounidense en “American Dream”, mientras la banda recupera esa mezcla de Southern rock y tensión emocional que convirtió sus primeros discos en algo difícil de ubicar cómodamente dentro de una sola tradición.

La ausencia no borró su identidad; le dio once años adicionales de mundo para procesar.

Camila Fernández: “Una Raya Más Al Tigre”

Martín Urieta escribió canciones que terminaron viviendo en las voces de Vicente Fernández, Juan Gabriel, Antonio Aguilar, Pepe Aguilar y Los Tigres del Norte. Décadas después, una nueva Fernández entra en esa historia.

Camila Fernández interpreta una composición de Urieta y Memo Méndez Guiú donde mariachi y balada ranchera acompañan una forma particularmente adulta del desamor: reconocer que alguien eligió otro camino y encontrar dignidad suficiente para marcharse sin convertir la despedida en una guerra.

El vínculo con Urieta tiene una resonancia familiar inevitable. Vicente Fernández llevó al repertorio popular composiciones suyas como “Mujeres Divinas” y “Qué de raro tiene”; Camila recibe ahora otra canción desde un momento generacional distinto.

El resultado pertenece a una tradición que se mantiene viva precisamente porque cada voz encuentra su propia manera de pronunciarla. Será también la canción titular de su próximo álbum.

Crecer dentro de una banda significa que las canciones terminan documentando cambios antes de que alguien encuentre palabras más ordenadas para explicarlos. Después de dos discos donde el pop-punk funcionó como terreno natural, The Linda Lindas empiezan a empujar las paredes.

Gotta Get Out todavía conoce el valor de un coro melódico, pero permite que aparezcan decisiones más bruscas. “Blood on Our Hands” entra directamente al hardcore punk; “Closer” incorpora a Hayley Williams y abre otra dimensión de una banda que lleva años aprendiendo en público.

También existe algo muy concreto detrás de esa evolución: sus integrantes están creciendo. Algunas siguen atravesando la adolescencia y Bela Salazar acaba de convertirse en la primera del grupo en llegar a los 21.

El disco captura ese momento extraño donde ampliar el vocabulario musical también significa averiguar qué partes de la versión anterior todavía quieres conservar.

Riosentí trabaja desde una condición nómada y “María Rosa” recoge historias, instrumentos y memorias encontradas en el camino para construir una pieza acústica donde la raíz latinoamericana permanece reconocible sin quedar detenida en una reconstrucción histórica.

Aline Novaro habla de memoria, arraigo y libertad musical como origen de la canción. Esa combinación explica mejor su sonido que cualquier catálogo de instrumentos: la tradición aparece como una forma de recordar mientras el viaje continúa.

La interpretación mantiene suficiente aire alrededor de cada cuerda para que la pieza avance con calma. A veces la sensación de pertenecer a un lugar también puede aparecer mientras uno sigue moviéndose.

¿Qué lanzamientos recomienda Radar Equal esta semana?
La selección reúne nueve lanzamientos de aLex vs aLex, Leandro Aquistapacie, Interpol, The Animeros, YENDRY, Alabama Shakes, Camila Fernández, The Linda Lindas y Riosentí, con sonidos que atraviesan indie-pop, soul, cumbia, post-punk, mariachi y música de raíz.

¿Radar Equal recomienda únicamente música latinoamericana?
No. Radar Equal trabaja desde una perspectiva editorial latinoamericana, pero la selección incluye música de distintas partes del mundo. El criterio principal es la relevancia artística de cada lanzamiento y su capacidad para aportar algo a la conversación musical contemporánea.

¿Qué discos aparecen en esta edición de Radar Equal?
Entre los álbumes y EP de esta semana están cliché, en vivo @ el living de su casa, This Mirror Weighs a Ton, ¡Qué Bárbaro!, I Must Be Dreaming y Gotta Get Out, además de nuevos sencillos de YENDRY, Camila Fernández y Riosentí.

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