Treinta años después de Vagabundo, Draco Rosa volvió a la canción que da nombre al disco y la dejó crecer detrás del escritorio de NPR hasta convertirse en el punto de fuga de toda la sesión. El cierre es una versión extendida, sostenida por guitarras eléctricas, percusión y la trompeta de Charlie Sepúlveda, que entra en los últimos minutos y empuja la pieza hacia un espacio más cercano al jazz. NPR llegó a comparar ese momento con el Miles Davis tardío. Vagabundo vuelve a sentirse aquí como una canción abierta, todavía susceptible de ser alterada por los músicos que la rodean.
Antes de llegar ahí, Rosa recorre cuatro momentos distintos de su catálogo: “Lie Without a Lover”, “Quiero Vivir”, “Todo Marcha Bien” y “Vagabundo”. El orden evita cualquier intento de cronología. Salta de Mad Love (2004) a una canción publicada en 2020, retrocede hasta Vino (2008) y termina en 1996. Su disco actual, Olas de Luz, queda fuera del set. La selección se parece menos a un resumen de carrera que a cuatro maneras de acercarse a las obsesiones que han acompañado su escritura: deseo, tiempo, fragilidad, extrañeza y esa sensación de estar observando la vida desde una habitación ligeramente apartada del resto.
El formato de Tiny Desk conserva la cercanía habitual de la serie, aunque el arreglo mantiene suficiente electricidad para que la música de Rosa no pierda su carácter nebuloso. En lugar de reducir las canciones a versiones acústicas, el grupo trabaja con espacios, silencios, guitarras que permanecen suspendidas y una sección rítmica capaz de cambiar la temperatura sin llenar cada hueco.
La presencia de Vagabundo en ese repertorio tiene una historia más compleja que la del clásico convocado para cerrar un concierto. El álbum apareció en 1996, producido por Phil Manzanera de Roxy Music, y su oscuridad desentonó incluso con las expectativas de la compañía que debía publicarlo. Años después, Rosa recordaría que Sony inicialmente no sabía qué hacer con aquel disco. Con el tiempo su lugar cambió: Billboard lo incluyó en 2015 entre 50 álbumes esenciales de la música latina de los cincuenta años anteriores y en 2018 recibió una edición remasterizada por Bob Ludwig.

Escuchar “Vagabundo” ahora también significa escuchar todo lo que fue ocurriendo alrededor de él. El disco terminó convirtiéndose en una referencia del rock latino de los noventa mientras Draco desarrollaba otra parte de su oficio escribiendo y produciendo canciones para otros artistas. Entre ellas están “Livin’ la Vida Loca”, “She Bangs” y “The Cup of Life (La Copa de la Vida)” para Ricky Martin. Esa convivencia siempre ha sido una de las singularidades de su carrera: el compositor capaz de entender la arquitectura del pop masivo ha seguido construyendo sus propios discos desde lugares mucho más imprevisibles.

“Quiero Vivir” permite encontrar otro hilo menos evidente dentro del Tiny Desk. La canción de 2020 nació a partir de “Tengo ojos”, del poeta mexicano Jaime Sabines. Para entonces, la relación de Draco con Sabines llevaba décadas: el propio músico explicó que anteriormente había trabajado con sus textos en “Llanto subterráneo” y “Para no olvidar”, dos piezas incluidas precisamente en Vagabundo. Que “Quiero Vivir” aparezca apenas dos canciones antes del cierre devuelve la sesión, casi sin anunciarlo, a una relación entre poesía y música que ya estaba presente en aquel álbum de 1996.
“Lie Without a Lover” abre desde otro Draco. Pertenece a Mad Love, publicado en 2004, un disco donde el inglés ocupó buena parte del repertorio y la producción llevó sus canciones hacia un rock de mayor escala. “Todo Marcha Bien”, tomada de Vino en 2008, llega desde una etapa posterior y devuelve el set al español antes de que “Vagabundo” absorba el último tramo. Cuatro canciones bastan para recordar que la discografía de Rosa nunca avanzó como una sucesión demasiado ordenada de estilos; cada álbum fue acumulando vocabularios que luego podían reaparecer años después.–
El contexto de 2026 vuelve esa selección especialmente curiosa. Rosa publicó Olas de Luz el 24 de abril, un álbum de 12 canciones nacido después de un viaje que pasó por República Dominicana y la Costa Brava española. En entrevistas alrededor del disco ha hablado de un periodo marcado por el paisaje, una nueva relación afectiva y una voluntad de mirar su pasado sin instalarse en la nostalgia. El álbum encontró además una forma distinta de trabajar el rock: su construcción prescindió de la guitarra eléctrica y se apoyó en otras texturas para conservar tensión, espacio y peso emocional.
Ese presente también tiene una lectura institucional. Olas de Luz está nominado a Mejor Álbum de Pop/Rock en los Latin Grammy 2026 y “Montserrat” compite como Mejor Canción de Rock. La Academia Latina confirma ambas candidaturas para la ceremonia del 12 de noviembre. La sesión de NPR aparece entonces en medio de un año donde el catálogo histórico de Rosa y sus canciones nuevas circulan al mismo tiempo, aunque el Tiny Desk haya elegido dejar que el primero ocupe la habitación durante esos minutos.
Draco participa además en una edición de El Tiny que NPR ha construido deliberadamente alrededor de distintas geografías y tradiciones latinas. La programación de 2026 incluye a Mon Laferte, Los Mirlos, YENDRY, Alex Ferreira, Melissa Aldana junto a Gonzalo Rubalcaba, Panteón Rococó, Tim Bernardes, Los Texmaniacs y Los Tigres del Norte. La serie se realiza desde 2021 como extensión latina de Tiny Desk durante el periodo de celebración de la herencia hispana.
El final vuelve a Charlie Sepúlveda. Mientras “Vagabundo” se extiende, la trompeta empieza a modificar una canción nacida treinta años atrás y termina alejándola de cualquier interpretación demasiado respetuosa del catálogo. Quizá ahí aparece la lectura más precisa de esta sesión. Draco Rosa no necesita reconstruir 1996 para regresar a Vagabundo. Todavía puede entrar en esas canciones y mover algunas paredes.


