Por: Ulises Sanher
Spotify reportó que en 2025 distribuyó más de $11 mil millones en regalías a la industria musical, la cifra más alta en su historia y un aumento significativo respecto al año anterior. Aunque la empresa subraya que cerca del 50 % de esos pagos benefició a artistas y sellos independientes, la escena musical alternativa expresa escepticismo. A medida que miles de músicos emergentes luchan por monetizar sus catálogos, voces críticas señalan que los altos números agregados no cambian la realidad microeconómica de quienes sobreviven con ingresos marginales por streaming. La disputa pone en el centro cuestiones de justicia económica, visibilidad y sostenibilidad en la era digital.
La cifra que ocupa titulares y debates
El 28 de enero de 2026, Spotify publicó su reporte económico indicando que en 2025 pagó más de $11 mil millones de dólares en regalías a la industria musical, superando en más de un 10 % los pagos del año anterior y consolidándose como el mayor pagador histórico entre plataformas de streaming. La compañía afirmó que independientes y sellos de menor escala representaron cerca de la mitad de esos ingresos, un dato que Spotify interpreta como signo de crecimiento y democratización del acceso global a mercados antes dominados por las discográficas tradicionales.
Para la narrativa oficial es un hito: “una era con más historias de éxito y promesa que en cualquier otro momento de la historia”, escribió Charlie Hellman, jefe de música de Spotify, en una carta publicada en su blog corporativo.
Pero para una parte significativa de la comunidad artística independiente, ese relato choca con una experiencia cotidiana menos luminosa.
El problema estructural del reparto prorrateado
La crítica central no es que Spotify no pague, sino cómo lo hace. A diferencia de un modelo de pago por escucha directa, Spotify utiliza un sistema prorrateado: todos los ingresos por suscripción y publicidad se mezclan en un “pool” común y luego se reparten según la proporción de reproducciones de cada artista. Esto significa que los artistas con más streams absorben la mayor parte de las regalías, mientras que la mayoría recibe fracciones insuficientes para sostener una carrera profesional.
Además, el monto por reproducción —entre $0,003 y $0,005 por stream según estimaciones independientes— obliga a cifras extremadamente altas de escuchas para lograr ingresos significativos. Por ejemplo, para ganar alrededor de USD $1,000 un artista podría necesitar entre 200,000 y 333,000 escuchas, sin contar recortes de distribuidores o acuerdos con sellos, además de considerar otras variantes como territorio, fuente de la reproducción (freemium, premium) etc…
Voces críticas desde la escena independiente
La disidencia no es abstracta ni aislada. En 2025, músicos y bandas independientes comenzaron a salir de Spotify en señal de protesta, citando no solo sus políticas de regalías sino también decisiones corporativas cuestionadas, como inversiones del CEO en tecnología vinculada a aplicaciones militares, que algunos artistas consideraron moralmente incompatibles con la cultura musical. Grupos como Xiu Xiu y Hotline TNT retiraron sus catálogos y señalaron que la plataforma “no ha hecho nada bueno por bandas” y agrava la “disponibilidad desechable de la música”.
En discusiones abiertas en comunidades de músicos, se ha señalado que aunque Spotify afirma que “la mitad de los pagos va a artistas independientes”, la realidad de los ingresos sigue concentrada en una pequeña parte de artistas con miles de streams, mientras que millones reciben cantidades mínimas, un contraste difícil de reconciliar con el discurso de crecimiento democratizador.
El umbral de los 1,000 streams y su impacto
Spotify introdujo una política en 2023 que establece que las pistas deben alcanzar más de 1,000 streams para comenzar a generar regalías, una decisión que, según informes analíticos de la industria, costó cientos de millones de dólares a artistas independientes durante 2024 y 2025.
Este tipo de medidas exacerban las desigualdades en un sistema saturado donde miles de canciones se suben diariamente, dificultando aún más la visibilidad y monetización.
Más allá del streaming: narrativas alternativas
Algunos artistas están redefiniendo sus estrategias fuera de los modelos dominantes de streaming. En la última ola de protestas, bandas como Hotline TNT han organizado eventos propios y ventas directas de sus discos, logrando ingresos comparables o superiores a los que obtenían vía Spotify. Una respuesta colectiva que sugiere que la autosostenibilidad puede residir en modelos de propiedad directa sobre la música, ventas físicas, Bandcamp y experiencias en vivo.
¿Pago récord o ilusión de equidad?
Spotify puede ostentar esta cifra histórica de pagos a la industria —más de $70 mil millones acumulados desde su fundación— y argumentar que el crecimiento de la base de suscriptores impulsa mayores retornos. Pero la narrativa dominante sobre democratización —la idea de que “cualquier artista puede vivir de sus streams”— se enfrenta a una disputa abierta entre quienes ven la plataforma como escenario vital para expansión de audiencia y quienes la consideran un modelo de negocio que concentra, más que redistribuye, en función de la visibilidad algorítmica y las dinámicas de mercado.


