Una carta abierta firmada por más de 100 figuras latinas del cine, la televisión y la escritura ha puesto el foco en la persistente falta de representación equitativa en Hollywood. La controversia surgió luego de la elección de una actriz no latina para interpretar a un personaje claramente latino en Deep Cuts, lo que reavivó un debate que ya lleva años en la comunidad sobre quién tiene voz en la narración de las historias que moldean la cultura popular. Con voces como Eva Longoria, Xochitl Gómez, Jessica Alba y Diego Boneta al frente, el reclamo es claro: la industria debe incluir a latinos tanto delante como detrás de cámaras.
Un casting que detonó una conversación más amplia
Cuando Odessa A’zion fue anunciada como la protagonista de Deep Cuts, la adaptación cinematográfica de la novela de Holly Brickley producida por A24, el casting parecía rutinario en un sistema acostumbrado a reciclar nombres de siempre. Sin embargo, la noticia desató una reacción distinta cuando usuarios, críticas y parte de la comunidad latina señalaron que el personaje de Zoe Gutiérrez —descrito como mexicano en la novela original— fue interpretado por alguien sin raíces hispanas. Lo que podría haber sido un incidente aislado se convirtió, rápidamente, en un símbolo de una problemática persistente: la representación.
La actriz, que inicialmente aceptó el papel, decidió finalmente retirarse del proyecto en medio del debate y compartió en sus redes una declaración de apoyo a quienes cuestionaban la decisión de casting. Afirmó públicamente que estaba “con todos ustedes” y que no continuaría con la película tras enterarse de las críticas, una decisión que muchos interpretaron como un gesto de solidaridad.
Esto no apaciguó el debate. Por el contrario, catalizó un movimiento más organizado: una carta abierta firmada por más de 100 artistas latinos que demanda cambios estructurales en la forma en que Hollywood desarrolla, decide y produce historias que involucran experiencias latinas.
La carta: voz plural, reclamo claro
Figuras de diversas generaciones y trayectorias, desde Eva Longoria hasta Xochitl Gómez, Jessica Alba, Diego Boneta, Isabela Merced, Michael Peña y John Leguizamo, se unen en una misiva que reconoce el gesto de A’zion, pero plantea una pregunta mayor: “¿Cómo sucedió esto?”
“La ausencia de oportunidades en audiciones para latinas y la decisión de reemplazar un personaje claramente latino por una actriz no latina señalan una desaparición cada vez mayor de nuestra comunidad en las historias que definen nuestra cultura… No se trata de una sola actriz o proyecto. Se trata de un sistema que ignora repetidamente el talento latino cualificado incluso cuando nuestras identidades, historias y experiencias alimentan las historias más perdurables.”
Más allá de señalar una decisión puntual, la carta levanta una bandera sobre un patrón estructural: el acceso limitado a audiciones significativas, la escasez de papeles protagónicos no estereotipados y la ausencia de voces latinas en los procesos creativos desde las etapas de desarrollo.
La carta no se queda en la crítica: propone acciones concretas para avanzar hacia una industria más equitativa:
- Audiciones y castings que incluyan a latinos en diversas gamas de personajes.
- Inclusión de talento latino en posiciones de decisión, como salas de greenlighting y equipos creativos.
- Participación de consultores, escritores y productores latinos desde las primeras fases del desarrollo de proyectos.
- Creación de programas estructurados de apoyo, mentoría y oportunidades que amplíen el acceso en toda la cadena.
De la pantalla a la realidad: por qué importa una representación auténtica
Para muchos firmantes, la representación no es solo un ideal: es una cuestión de identidad, de cómo la sociedad mira, reconoce y valora a comunidades enteras. La industria del entretenimiento, por su alcance global, no solo refleja la cultura; la moldea. Lo que vemos en pantalla influye en cómo se nos percibe, cómo se construyen estereotipos y qué historias se consideran universales.
En un contexto donde la población latina constituye una de las audiencias más numerosas y culturalmente influyentes en el mercado estadounidense y global, la falta de representación con voz propia se siente tanto como una ausencia histórica como una oportunidad desaprovechada.
Una polémica enmarcada en tensiones mayores
La situación de Deep Cuts ocurre en un momento donde Hollywood enfrenta varias conversaciones paralelas sobre diversidad, equidad e inclusión. No es la primera vez que la industria recibe críticas por decisiones de casting o falta de visibilidad para comunidades específicas, pero la organización de esta carta, con más de un centenar de nombres, representa un nivel de coordinación y urgencia pocas veces visto.
Además, la carta no solo cuestiona castings individuales: su llamada a la acción pone sobre la mesa una reflexión más amplia sobre cómo las estructuras de poder en la industria han definido qué historias se consideran “contables” y quién tiene la autoridad para contarlas.
El rol de la comunidad y la responsabilidad compartida
El impacto de la carta no se mide simplemente por la cantidad de firmas, sino por el diálogo que genera. Varios nombres jóvenes y veteranos fueron parte de la iniciativa, lo que demuestra que este reclamo atraviesa generaciones y disciplinas en el ámbito del entretenimiento. Que la iniciativa haya sido recolectada en parte por Xochitl Gómez, actriz conocida por protagonizar franquicias globales, indica también cómo las transiciones generacionales dentro de Hollywood están impulsando nuevas formas de exigir cambios.
El mensaje de la carta es claro: no se trata de borrar a nadie, sino de abrir espacios que históricamente han estado cerrados o invisibilizados. Historias como la de Zoe Gutiérrez —y las decisiones que las llevan a la pantalla— son importantes no solo por quién las interpreta, sino por quién las tiene en cuenta desde los primeros pasos de un proyecto.
Ecos de otro debate: Emilia Pérez y la sensibilidad cultural
La discusión actual no surge en el vacío. En 2024, Emilia Pérez, un musical-crime dirigido por Jacques Audiard, se volvió un caso paradigmático de cómo producciones con reconocimiento internacional pueden generar resistencia entre audiencias latinas y especialistas culturales.
El rechazo fue tal que incluso se produjeron obras paródicas como Johanne Sacreblu, un cortometraje que ironiza sobre la representación superficial de culturas ajenas, evidenciando la fractura entre reconocimiento crítico global y recepción cultural local.


