El sábado 24 de octubre, 15 mil personas entraron a Hollywood Forever para una jornada que duró de mediodía a medianoche. La edición 27 de su celebración de Día de Muertos reunió más de 70 ofrendas comunitarias, casi 300 bailarines de folklórico y danza azteca, teatro bilingüe, cine mexicano, una exposición de arte, concursos de altares y catrinas, conciertos y el primer espectáculo de drones en la historia del evento.
Veintiún años atrás, Los Angeles Times había documentado otra escala: la primera celebración de Hollywood Forever reunió alrededor de 200 personas. Para 2005 ya era señal de algo que comenzaba a ocurrir en distintos puntos de Los Ángeles, donde el Día de Muertos dejaba de estar circunscrito a determinados barrios o comunidades y empezaba a ocupar galerías, parques, centros culturales y espacios públicos de toda la ciudad.
Hollywood Forever terminó desarrollando una versión particularmente visible de ese proceso.
El cementerio aporta una relación con la muerte que no necesita ser escenificada. Las familias llegan con fotografías, comida, flores, cartas y objetos que pertenecieron a alguien. En 2026 fueron más de 70 altares construidos por la comunidad, suficientes para que recorrer el recinto implicara pasar de una historia familiar a otra sin que todas tuvieran el mismo tono ni la misma manera de recordar.

La ofrenda ganadora, premiada con cinco mil dólares, llevaba por tema From Many Paths We Gather. Arcos azules con motivos florales y aves enmarcaban fotografías, alimentos y velas distribuidas en distintos niveles; caminos de cempasúchil conectaban varias de las imágenes. Más allá del concurso, la acumulación de objetos personales seguía dando forma al recorrido completo.
Este año apareció además una intervención nueva. Después de una ceremonia con danzantes aztecas, tambores, incienso y un chamán, cientos de drones formaron veladoras, calaveras, catrinas y flores de cempasúchil sobre el cielo del cementerio. También apareció la frase “Keep the Spirit Alive”. La escala tecnológica del recurso fue inédita para el festival, aunque el vocabulario visual seguía siendo el mismo que ya estaba repartido entre los altares.
La elección encaja con una celebración que lleva años creciendo sin permanecer inmóvil. En Hollywood Forever, el Día de Muertos ya convive con instalaciones artísticas, cine, concursos de vestuario, programación infantil y conciertos que atraen a públicos distintos. La expansión obliga también a mirar cómo una tradición mexicana cambia cuando pasa a formar parte del calendario cultural de una ciudad como Los Ángeles, donde lo mexicano y lo mexicoamericano están incorporados desde hace décadas a la vida cotidiana.
La programación de 2026 permitió observar esa mezcla con bastante claridad. Cerca de 300 bailarines participaron en números de folklórico y danza azteca, mientras el escenario Muerte y Tradición concentró buena parte de la programación vinculada con expresiones ceremoniales y populares.
En el Cathedral Mausoleum, la exposición Bajo un Mismo Cielo, curada por Nery Gabriel Lemus, reunió a 12 artistas de distintas generaciones alrededor de memoria, ascendencia y pertenencia. El Cine + El Teatro llevó teatro bilingüe, títeres y cine mexicano al People’s Stage. Lil’ Libros y LA Opera Connects desarrollaron actividades familiares en Children’s Plaza.
La música formó otra capa del recorrido. Trish Toledo, Tropa Mágica y Los Shadows participaron antes del cierre de DannyLux, con sets de Que Madre, JOAQU.N y Dro Barlo distribuidos durante la jornada.

La selección también hablaba desde Los Ángeles. Trish Toledo trabaja desde el soul chicano; Tropa Mágica se mueve entre psicodelia, cumbia y rock; Los Shadows ha construido un lenguaje donde conviven surf, dream pop y sensibilidad fronteriza. DannyLux llegó al cierre desde otra generación, con un sierreño alternativo que ha crecido dentro del mismo ecosistema cultural del sur de California.
Su presencia tiene sentido dentro de una celebración donde la tradición mexicana aparece constantemente atravesada por vidas construidas en Estados Unidos. El Día de Muertos de Hollywood Forever no reproduce una versión única de México: pone en contacto prácticas heredadas, identidades migrantes y una cultura angelina que lleva décadas absorbiendo esas referencias y devolviéndolas transformadas.
La Catrina ofrece otro ejemplo. La Catrina Diva ganó el premio de mil dólares con un vestuario de gran escala: tocado multicolor de plumas, maquillaje esquelético, body art y una falda larga pintada en rosas, naranjas, verdes y turquesas. El personaje creado por José Guadalupe Posada hace más de un siglo continúa reapareciendo en Los Ángeles con códigos visuales que cambian año tras año.
Ese tipo de apropiación visual convive con una preocupación más concreta: mantener el significado de una celebración que, al crecer, también corre el riesgo de reducirse a imágenes reconocibles. En Hollywood Forever, las ofrendas siguen funcionando como el elemento que devuelve la atención a personas específicas. Un retrato, un plato de comida o una prenda usada por alguien que murió introduce una historia que ningún programa de escenario puede sustituir.
La edición de 2026 dejó una imagen precisa de hasta dónde ha llegado esa escala. Quince mil personas recorrieron un cementerio histórico durante doce horas mientras familiares montaban altares, artistas trabajaban sobre memoria y pertenencia, músicos provenientes de distintas escenas de California compartían programación y cientos de drones convertían símbolos del Día de Muertos en figuras visibles desde varios puntos del recinto.
El crecimiento desde aquellas primeras 200 personas no explica por sí solo lo que Hollywood Forever representa hoy. Lo más revelador está en la cantidad de lenguajes que terminaron acumulándose alrededor de una misma práctica: ceremonia, arte, música, cine, diseño, comunidad y memoria familiar coexistiendo dentro de un espacio donde la relación con la muerte nunca es abstracta.
Después de 27 ediciones, Hollywood Forever ya forma parte de la manera en que Los Ángeles celebra el Día de Muertos. Su tamaño cambió. También cambiaron sus escenarios, sus artistas y la tecnología disponible. Las fotografías que las familias colocan sobre las ofrendas siguen dando sentido al resto.


