Treinta años después de aquella grabación en Miami, Álvaro Henríquez cuenta a Equal Media cómo Roberto Parra le enseñó a tocar cueca y jazz guachaca, por qué insistió en llevar ese repertorio a MTV y qué buscaba al presentar a Los Tres como una banda inequívocamente chilena ante una audiencia continental.
Después de doce canciones, el MTV Unplugged de Los Tres cambia de lenguaje sin abandonar el sonido que la banda ha construido durante la hora anterior. Álvaro Henríquez y Ángel Parra dejan las guitarras de cuerdas de acero y toman guitarras clásicas; Titae Lindl permanece en el contrabajo y Pancho Molina sustituye parte de la batería por percusiones. Comienza “El arrepentido”. Después llega “La vida que yo he pasado” y finalmente “Quién es la que viene allí”. Para una audiencia continental que había entrado al concierto por “Déjate caer”, “Tírate” o “Un amor violento”, los últimos diez minutos conducían hacia otra genealogía musical.

La decisión fue deliberada. En una entrevista reciente con Equal Media, Henríquez recordó que varios integrantes del grupo dudaron cuando propuso tocar cueca frente a un público internacional. Su respuesta fue sencilla: “La gente tiene que saber de dónde venimos”. A los 24 años quería que una banda de rock que estaba comenzando a circular fuera de Chile conservara una marca territorial reconocible. “No somos un grupo internacional en el sentido de que podríamos ser de cualquier parte”, explicó.
“Yo quería que se notara que éramos de Chile”.
Álvaro Henríquez
Esa intención permite mirar el concierto del 14 de septiembre de 1995 desde un lugar distinto. La cueca no apareció porque MTV obligara a Los Tres a reinventar sus canciones en acústico ni fue un recurso folclórico añadido para la ocasión. Cuando el grupo llegó a Miami, Álvaro Henríquez llevaba años aprendiendo directamente de Roberto Parra y la banda ya había compartido escenarios con él. El Unplugged convirtió esa relación en una declaración pública ante la mayor plataforma audiovisual que el rock latinoamericano tenía entonces.
Henríquez conoció a Parra durante su relación con La Negra Ester, la obra basada en las décimas del músico chileno que Andrés Pérez y el Gran Circo Teatro estrenaron en 1988. La cercanía se volvió musical y personal. Álvaro Henríquez recuerda siete años de amistad, encuentros prácticamente semanales y tardes en las que Parra le enseñaba a tocar. “Me enseñó a tocar bien las cuecas, me enseñó trucos de las cuecas y me enseñó también a tocar el jazz guachaca”, cuenta. Al medir hoy esa influencia, la coloca muy por encima de una referencia estilística: “Yo sería la mitad de lo que soy si no hubiera conocido a Roberto”.
La música de Parra ofrecía un mapa bastante más amplio que la representación institucional del folclor chileno. Sus cuecas choras estaban ligadas a una tradición urbana que había circulado por cantinas, puertos, prostíbulos, conventillos y barrios populares. Sus personajes podían ser trabajadores, presidiarios, músicos, bebedores y habitantes de los bajos fondos, lejos de la imagen campesina con la que durante buena parte del siglo XX se identificó oficialmente a la cueca.
Parra tampoco trabajaba desde una idea purista. Su jazz guachaca mezclaba jazz, foxtrot, tango, bolero y otras músicas populares. Django Reinhardt aparecía entre sus referencias y esa apertura encontró rápidamente un interlocutor en Henríquez, que había crecido escuchando rock and roll, rockabilly, blues y jazz manouche. La relación entre ambos permitió que influencias provenientes de lugares distintos encontraran un vocabulario común.
Los Tres ya habían llevado parte de esa curiosidad a sus discos antes de MTV. La espada & la pared, publicado en 1995, había ampliado considerablemente el alcance del grupo y contenía una versión de “Tu cariño se me va”, de Buddy Richard, junto a canciones como “Déjate caer” y “Tírate”. Cuti Aste aportaba acordeón y Antonio Restucci mandolina, ampliando el lenguaje instrumental de una banda formada alrededor de guitarra, bajo y batería.

El vínculo con Roberto Parra tampoco permanecía fuera del escenario. En mayo de 1994, más de un año antes del Unplugged, Los Tres tocaron varias noches junto a él en Santiago. Esas grabaciones aparecerían posteriormente en Peineta, publicado en 1998, donde el grupo acompaña directamente a Parra en cuecas, jazz guachaca y otras piezas de su repertorio.
Parra murió el 21 de abril de 1995. Cinco meses después, Los Tres estaban en Miami preparando la sesión para MTV y Henríquez decidió conservar aquellas canciones dentro del programa. La intención incluía homenajear a su amigo, pero también aprovechar una plataforma internacional para presentar su obra a públicos que probablemente nunca habían escuchado su nombre. “Esta es una excelente oportunidad de que la gente sepa quién es Roberto Parra”, recuerda haber pensado entonces.
La secuencia final está construida con bastante precisión. “El arrepentido” utiliza dos guitarras clásicas, contrabajo y un tormento tocado por Molina. “La vida que yo he pasado” conserva las guitarras y el contrabajo mientras la percusión incorpora un tarro junto con la batería. En “Quién es la que viene allí” vuelve la batería convencional y aparecen coros de Lindl y Ángel Parra. La banda reduce progresivamente la distancia entre su formación de rock y la economía instrumental de la música que Henríquez había aprendido junto a Parra.
También conviene distinguir qué se está escuchando. “El arrepentido” y “La vida que yo he pasado” pertenecen al repertorio de cueca chora asociado a Roberto Parra. “Quién es la que viene allí” sigue otra ruta: deriva del foxtrot estadounidense “Yes Sir, That’s My Baby”, compuesto en 1925 por Walter Donaldson y Gus Kahn, pero transformado dentro del universo del jazz guachaca de Parra. El cierre del disco contiene así algo más complejo que tres piezas folclóricas chilenas: muestra cómo una tradición popular podía absorber materiales extranjeros, desplazarlos de contexto y hacerlos propios.
El resto del concierto trabaja con una lógica parecida. Cuti Aste aporta acordeón; Antonio Restucci incorpora mandolina en varias canciones; Lindl alterna contrabajo y bajo acústico; las guitarras cambian de función según el arreglo. La sesión no consistió en reproducir los discos con instrumentos de madera. Los Tres reorganizaron sus canciones alrededor de una dinámica más abierta, donde elementos que ya existían en su música pudieron ocupar mayor espacio.
Henríquez conserva además un recuerdo especialmente preciso de la grabación: la decisión de tocar sin instrumentos eléctricos. Billboard destacó en abril de 1996 esa característica al revisar la sesión dentro de la primera etapa de MTV Unplugged en Latinoamérica. El formato acústico terminó favoreciendo una instrumentación que acercaba canciones de rock, balada, rockabilly y cueca sin necesidad de presentar cada género como una sección separada.
El contexto de MTV amplificaba cada decisión. La señal latinoamericana había comenzado transmisiones en 1993 y el formato Unplugged acumulaba ya el prestigio internacional de sesiones de Eric Clapton, Pearl Jam y Nirvana. En la región habían participado Los Fabulosos Cadillacs, Caifanes, Charly García, Café Tacvba y El Tri. Los Tres se convirtieron en la primera agrupación chilena invitada a grabar una sesión.
Chile ocupaba entonces una posición periférica frente a los grandes circuitos del rock en español. Argentina y México concentraban buena parte de las compañías, los medios y las rutas internacionales. Para Henríquez, esa circunstancia hacía todavía más importante no neutralizar el origen del grupo cuando aparecía la oportunidad de ampliar su público.
La discusión dentro de la banda antes del concierto expone esa tensión. Algunos integrantes cuestionaban la conveniencia de utilizar una oportunidad internacional para tocar cueca. Henríquez sostuvo la elección precisamente por esa razón: aspirar a una audiencia mayor no debía significar sonar como una banda que pudiera provenir de cualquier sitio.
Su argumento coincide con una idea que ha seguido apareciendo en la música de Los Tres tres décadas después. Henríquez recupera el viejo principio de “hablar de tu aldea” como una forma de alcanzar algo universal. En su caso, la procedencia no aparece solamente en las letras o en determinadas palabras chilenas; también está en los ritmos, las maneras de acompañar y los músicos que formaron su oído.
El contexto político chileno añade otra dimensión. La dictadura de Augusto Pinochet declaró oficialmente a la cueca baile nacional en 1979 y favoreció una representación estrechamente relacionada con el huaso, las competencias y las ceremonias oficiales. Investigaciones posteriores han documentado cómo esa apropiación produjo rechazo en sectores que terminaron asociando ciertas formas de cueca con el aparato cultural del régimen.
Henríquez recuerda esa separación de manera muy marcada. Distingue entre lo que llama la “cueca del patrón” y la “cueca de la calle” que aprendió junto a Roberto Parra. La expresión pertenece a su propia interpretación política y estética, pero ayuda a entender por qué la elección de repertorio de Los Tres no consistía únicamente en “tocar música chilena”. La banda estaba escogiendo qué tradición chilena quería representar.
La cueca chora ofrecía precisamente una genealogía distinta: urbana, popular, nocturna y vinculada a personajes que rara vez aparecían dentro de la imagen oficial del país. Esa música podía convivir mucho más naturalmente con el universo de Los Tres, donde el humor, el desencanto, el romance, la bohemia y las referencias callejeras formaban parte de las canciones.
Cuando el Unplugged comenzó a circular, esa elección encontró una audiencia mucho mayor. Memoria Chilena identifica la grabación y su publicación discográfica como elementos relevantes para la difusión masiva de la obra de Roberto Parra. “Quién es la que viene allí” terminó además convirtiéndose en una de las piezas más reconocibles relacionadas con Los Tres, pese a que su historia musical era anterior a la banda.
Henríquez recuerda que, pocos meses después de la emisión, comenzó a ver a jóvenes bailando cueca y sintió que aquella intención inicial había encontrado respuesta. Su recuerdo permite entender la percepción desde dentro del grupo, aunque convertir el Unplugged en causa única del renacimiento de la cueca urbana sería reducir una historia más extensa.
Roberto Parra, Los Chileneros, Lalo Parra y numerosos cultores habían sostenido aquellas tradiciones durante décadas. En el Chile posterior a la dictadura aparecieron además músicos, espacios y proyectos que participaron en una recuperación más amplia de expresiones populares marginadas o desplazadas de los grandes medios. Los Tres ocuparon una posición particular dentro de ese proceso porque podían llevar la cueca hacia públicos juveniles acostumbrados a consumir rock a través de radio, televisión y compañías multinacionales.
La continuidad más visible apareció en 1996 con la primera Yein Fonda. El proyecto reunió cuequeros, músicos populares y artistas vinculados al rock dentro de una misma celebración. Henríquez ha explicado que la idea provenía de conversaciones con Roberto Parra, quien fantaseaba con organizar juntos una ramada. Después de su muerte, aquel proyecto adquirió también la forma de homenaje.
Treinta años después, la convivencia entre rock y cueca dentro de Los Tres parece mucho menos extraña que aquella discusión previa a MTV. Parte de esa naturalidad proviene precisamente de la permanencia del repertorio. Las canciones de Parra continuaron formando parte de sus conciertos y la cueca siguió apareciendo dentro del trabajo de Henríquez más allá de aquel episodio televisivo.
Su manera de entender el folclor tampoco establece una frontera rígida entre tradición local y música extranjera. Durante la entrevista compara el slap del contrabajo del rockabilly con sonidos que ha escuchado en tríos mexicanos y define al propio rockabilly como folclor estadounidense. El interés está en cómo esos lenguajes viajan, cambian de territorio y terminan integrándose a músicas que desarrollan identidades propias.
Esa idea permite volver al Unplugged sin convertirlo en una historia simplificada de “rock mezclado con folclor”. Los Tres ya eran una banda construida con materiales que provenían de distintos lugares. Su decisión en 1995 fue elegir cuáles de esos materiales podían revelar con mayor claridad quiénes eran cuando la audiencia dejó de ser solamente chilena.
Los 14 y 15 de noviembre de 2026, Álvaro Henríquez, Ángel Parra, Roberto “Titae” Lindl y Francisco Molina volverán sobre aquella historia en Santander Arena, Santiago, con dos conciertos agotados dedicados a los 30 años del MTV Unplugged. La formación original llega a la conmemoración después de publicar XCLNT, grabado en Abbey Road, y con una nueva etapa de actividad que ha vuelto a colocar a Los Tres frente a públicos de distintas generaciones.
La distancia de tres décadas permite escuchar aquella sesión sin reducirla a nostalgia ni atribuirle un origen que no le corresponde. Roberto Parra y la cueca urbana existían mucho antes de que MTV llegara a Latinoamérica. Los Tres tampoco inventaron el diálogo entre música popular chilena y rock. Su intervención ocurrió en otro lugar: cuando tuvieron acceso a una de las pantallas musicales más poderosas de la época, decidieron que ampliar su audiencia no requería borrar el origen. Al final del concierto, dos cuecas choras y un foxtrot ocuparon el mismo escenario que “Déjate caer”, “Tírate” y “Un amor violento”. Para Henríquez, esa era precisamente la idea: viajar sin dejar de sonar a Chile.



