Esta semana el Radar Equal se mueve entre artistas que no están buscando simplemente sonar actuales, sino sonar más cerca de sí mismos. Anitta vuelve a Brasil para expandirse desde ahí; Julia Sabaté convierte el vacío en una canción de pulso íntimo; Tokischa entrega un debut que ensancha su propio desorden; Leo Rizzi trabaja la emoción desde la precisión; Bunbury profundiza su giro hacia la raíz con un disco de escucha lenta; Gepe resignifica una de sus canciones más queridas junto a Daniel, Me Estás Matando; diversiones debuta con dos piezas que entienden la intuición como forma; M.I.A. vuelve con un álbum extraño, espiritual y más vulnerable de lo que parecía probable; y Nine Inch Noize convierte una alianza de escenario en una máquina industrial perfectamente engrasada. No hay una sola escena dominando esta semana. Hay, más bien, varias formas de encontrar centro.
Anitta — EQUILIBRIVM
Con EQUILIBRIVM, Anitta no se repliega: se reordena. Después de un proyecto tan enfocado como Funk Generation, este nuevo álbum amplía el mapa sin abandonar el centro. El funk brasileño sigue latiendo como base, pero ahora convive con samba, reggae, pop, espiritualidad afrobrasileña y una noción mucho más amplia de comunidad. Hay algo especialmente potente en esa decisión: en lugar de perseguir una idea abstracta de globalidad, Anitta vuelve a casa para sonar más grande.
Esa es la inteligencia del disco. No intenta universalizarse vaciando su especificidad, sino todo lo contrario. Reafirma lo brasileño como fuerza estética, política y sonora, y desde ahí construye alcance. El portugués ya no aparece como obstáculo de mercado, sino como una de las claves de su libertad. EQUILIBRIVM suena a una artista que ya no necesita probar que puede moverse entre lenguas y mercados; ahora le interesa demostrar que el centro de su propuesta sigue estando en lo que la hizo irreductible desde el inicio.
Julia Sabaté — “Vacía”
Hay canciones que parecen escritas desde ese punto exacto donde el impacto de una experiencia ya pasó, pero su eco sigue ocupando el cuerpo. “Vacía”, de Julia Sabaté, entra por ahí. La artista hispano-neerlandesa abre con este sencillo el universo de Egoísta, su próximo disco, y lo hace con una canción que no necesita sobreactuar la herida para dejarla abierta.
Lo mejor del tema está en el equilibrio entre contención y desborde. Su voz tiene una cualidad privilegiada, pero la canción no descansa solo en eso. El coro estalla con la clase de intensidad que no se siente efectista, sino inevitable. “Vacía” tiene algo muy difícil de conseguir: suena íntima sin encerrarse, suena frágil sin romperse. Y en ese punto encuentra una de sus mayores virtudes: no explica demasiado, pero deja una marca inmediata.
Tokischa — AMOR & DROGA
Con AMOR & DROGA, Tokischa entrega un debut que no llega a domesticar su energía, sino a expandirla. El disco confirma algo que ya se intuía desde hace tiempo: que su figura nunca se agotó en el neoperreo ni en la provocación, sino que siempre tuvo un rango más amplio esperando una estructura a la altura. Aquí sigue el dembow, sigue la irreverencia, sigue la sensación de que la canción puede salirse del eje en cualquier momento. Pero alrededor de eso aparecen balada, electro-pop, rock y una vulnerabilidad más visible.
Lo valioso es que esa expansión no se siente como corrección de personaje ni como madurez entendida en términos conservadores. Tokischa no baja el pulso ni se vuelve dócil. Lo que hace es dejar entrar más capas. AMOR & DROGA funciona justamente porque conserva su insolencia mientras se permite otros registros emocionales. En una escena donde muchos debuts parecen diseñados para ordenar una marca, el suyo todavía conserva algo vivo, desobediente y por eso mismo mucho más interesante.
Leo Rizzi — “Corazón Hinchado”
Leo Rizzi sigue trazando el clima de La Belleza de las Flores con canciones que no buscan imponerse por volumen, sino por permanencia. “Corazón Hinchado” entra en esa zona. Su propuesta parece sencilla: una canción sobre el amor como refugio, como compañía frente al miedo, como fuerza que sostiene cuando todo alrededor se vuelve menos legible. Pero lo que la vuelve efectiva es la forma en que esa emoción está escrita y producida.
Hay un pop-rock de aire vintage recorriendo la canción, con una guitarra que guía el trayecto hacia un coro amplio, casi cinematográfico, sin que nada se vuelva grandilocuente. Rizzi entiende algo importante: a veces la emoción más fuerte no necesita estallar del todo para quedarse. “Corazón Hinchado” trabaja desde la precisión, desde el detalle y desde una melancolía luminosa que evita el golpe fácil. Por eso funciona tan bien.
Bunbury — De un siglo anterior
Con De un siglo anterior, Bunbury no intenta inventarse otra reinvención. Lo que hace es algo más difícil: profundizar una mutación que ya venía tomando forma desde Cuentas pendientes y llevarla hasta un lugar de mayor naturalidad. Aquí la atención está puesta en la raíz hispano-latinoamericana, sí, pero no como concepto decorativo ni como ejercicio de estilo. La música suena respirada, lenta, trabajada con la paciencia de alguien que ya no necesita demostrar intensidad a través del exceso.
Ese es uno de los mayores aciertos del disco. Hay aire, pausas, maderas, percusión seca, una banda orgánica y un trabajo de arreglos que pide varias escuchas. Canciones como “La voz”, “Un brindis al sol” o “Zamba para olvidar” se sostienen porque Bunbury no las empuja hacia la solemnidad: las deja crecer desde una interpretación madura, transparente y muy consciente de su tiempo. De un siglo anterior suena clásico, sí, pero no por nostalgia. Suena clásico porque está hecho con una convicción que no necesita subirse a ninguna tendencia para dejar huella.
Gepe y Daniel, Me Estás Matando — “SER AMIGOS (olvida)”
Volver a una canción propia puede ser un acto de repetición o de descubrimiento. En “SER AMIGOS (olvida)”, Gepe elige lo segundo. La colaboración con Daniel, Me Estás Matando no se siente como una relectura ornamental ni como una maniobra de catálogo. Se siente como el hallazgo de una nueva temperatura emocional para una canción que, de pronto, encuentra otra vida.
El boleroglam del dúo mexicano le da al tema una textura distinta: más dramática, más envolvente, más cinematográfica. Y Gepe, lejos de quedar desplazado por ese universo, parece encontrar ahí un nuevo cuerpo para su composición. La canción respira con más amplitud, se mueve con más elegancia y confirma algo que no siempre ocurre en este tipo de revisitas: que algunas canciones no envejecen bien ni mal, simplemente esperan el momento exacto para abrir otra versión de sí mismas.
diversiones — “el don / sin dudar”
Con apenas dos canciones, diversiones deja una impresión clara. El dúo argentino formado por Lucía Masnatta y Lucía Marelli entra con un single doble que entiende la electrónica y la sensibilidad orgánica no como opuestos, sino como dos partes del mismo impulso. “el don / sin dudar” suena a un proyecto que todavía está encontrando forma, pero ya sabe bastante bien cuál es su atmósfera.
Hay sintetizadores, guitarras, voces etéreas y una sensación de movimiento suave que no cae en la inercia. Lo mejor del proyecto, al menos por ahora, es que no parece obsesionado con definirse demasiado rápido. Se mueve desde la intuición, desde el juego, desde una forma de disfrute que no le teme ni a lo bailable ni a lo introspectivo. Ese tipo de comienzos, cuando están bien afinados, suelen durar más que los debutantes que llegan gritando identidad.
M.I.A. — M.I.7
A esta altura, cada disco de M.I.A. llega rodeado por la misma pregunta: cómo separar el personaje de la música, o si siquiera vale la pena intentarlo. Con M.I.7, esa tensión vuelve a aparecer, ahora filtrada por un giro espiritual muy explícito y por un disco que usa el imaginario cristiano, los coros gospel y una estructura dividida por fanfarrias de trompeta como columna vertebral. En otras manos, eso podría sonar completamente rígido o peor: calculado. Aquí no.
Lo que hace interesante a M.I.7 es precisamente su condición inestable. Es un disco a ratos torpe, a ratos emocionante, a ratos caótico, pero también uno de los más emocionalmente abiertos que M.I.A. ha hecho en mucho tiempo. No parece construido para convencer; parece construido desde una necesidad personal, incluso cuando esa necesidad se expresa con brusquedad. En una carrera marcada por el ruido conceptual y la provocación, este álbum encuentra algo inesperado: una forma extraña de ternura. No es perfecto, pero sí está vivo. Y eso pesa más.
Nine Inch Noize — Nine Inch Noize
A primera vista, Nine Inch Noize podría parecer uno de esos proyectos que funcionan mejor como cartel que como álbum. No pasa. La unión entre Nine Inch Nails y Boys Noize, que ya venía insinuándose en sets compartidos y terminó de afirmarse en Coachella, encuentra aquí un punto de equilibrio bastante feroz entre la densidad industrial de Trent Reznor y Atticus Ross y el pulso más físico, más sudoroso, más elegante de Alexander Ridha.
Lo mejor del disco está en que no intenta domesticar ninguna de sus mitades. No suaviza la oscuridad de Nine Inch Nails para volverla club, ni reduce a Boys Noize a simple operador de pista. Lo que hace es algo más efectivo: encontrar el punto exacto donde el post-punk ennegrecido, el techno industrial y el electroclash pueden convivir sin sonar a collage. Nine Inch Noize no se siente como capricho de festival ni como alianza de branding artístico. Se siente como una máquina común, bien engrasada, donde cada parte encontró por fin una forma más peligrosa de sí misma.
Lo mejor de esta semana no está en un solo tono ni en una sola escena. Está en la forma en que estos lanzamientos encuentran su peso desde lugares muy distintos. Anitta se vuelve más amplia volviendo más al origen. Julia Sabaté convierte el vacío en una canción que explota con elegancia. Tokischa ensancha su universo sin perder filo. Leo Rizzi afina la emoción hasta volverla refugio. Bunbury hace del tiempo una materia sonora. Gepe encuentra una nueva respiración para una canción ya conocida. diversiones debuta con intuición real. M.I.A. regresa más errática, pero también más humana. Nine Inch Noize convierte una alianza improbable en estructura real. Ese es el hilo de este Radar Equal: música que no solo quiere sonar distinta, sino sonar con más verdad.
FAQ
¿Qué es Radar Equal?
Es la curaduría editorial semanal de Equal Media para seguir discos y canciones que nuestro equipo escucha, con foco en música latina contemporánea, cruces globales y artistas que están empujando su lenguaje.
¿Por dónde conviene empezar esta semana?
Si buscas un disco expansivo y muy conectado con la raíz, entra por EQUILIBRIVM. Si quieres algo más visceral y elástico, empieza por AMOR & DROGA. Si prefieres una escucha más oscura y física, Nine Inch Noize es una entrada muy fuerte. Y si buscas canciones de precisión emocional, “Vacía” y “Corazón Hinchado” son dos puertas muy finas.


