St. Panther convierte el East Side de Los Ángeles en una canción de deseo; M83 vuelve a mirar hacia sus primeras intuiciones sin intentar copiarlas; YEИDRY encuentra un hogar móvil entre Santo Domingo y Turín. Esta semana, el Radar Equal también pasa por el coqueteo de NOREH, las dos caras de duna, el pop sin modales de EMJAY, los Andes imaginados por Hermanos Gutiérrez y la libertad después del caos de Vaticanjail.
St. Panther: “EAST SIDE GIRL”
En Boyle Heights, una playlist que sonaba diariamente desde la casa de un vecino terminó convirtiéndose en brújula. St. Panther escuchó ahí oldies, funk, soul y hip-hop desde esa sensibilidad chicana que puede hacer de una cuadra entera una estación de radio, y “EAST SIDE GIRL” recoge esa memoria sin encerrarla en los años que la originaron.
La canción se mueve con la calidez del lowrider soul y el R&B de vieja escuela, pero su romanticismo está situado deliberadamente en el presente. St. Panther coloca a la comunidad queer del East Side en el centro de la historia y deja que la tradición chicana se expanda con quienes hoy la viven, la transforman y también se enamoran dentro de ella. Es una canción sobre un flechazo, aunque el verdadero personaje termina siendo el barrio: ventanas abiertas, autos pasando despacio y música filtrándose entre las casas. “EAST SIDE GIRL” abre East Side Love Story, debut previsto para el 20 de noviembre.
M83: I Wrote You a Letter
Anthony Gonzalez lleva años dialogando con distintas edades de M83, pero I Wrote You a Letter no suena particularmente interesado en elegir una favorita. Su décimo álbum recupera algo de la libertad de las primeras grabaciones del proyecto: piezas que pueden permanecer suspendidas durante minutos, cambiar de forma sin previo aviso o permitir que un saxofón invada el paisaje en vez de dirigirlo hacia el próximo gran estribillo.
El resultado es menos expansivo que Fantasy y, precisamente por eso, algunos de sus estallidos se sienten mayores. “Blister Sunrise” abre una puerta conocida hacia ese resplandor electrónico de Gonzalez; “Siren / Behold… Beasts” la desordena; “Feeding Time” empieza casi en miniatura antes de ensancharse violentamente. Veinticinco años después de iniciar M83, Gonzalez no parece intentar volver al principio: intenta recuperar la sensación de no saber todavía exactamente adónde debía llegar.
YEИDRY: Como agua
El debut de YEИDRY está construido desde una vida que nunca tuvo una sola coordenada. Nació en Santo Domingo, creció en Turín y durante años convirtió esa distancia en una pregunta sobre pertenencia. En Como agua, deja de intentar resolverla.
El merengue de “No me vuelvo a enamorar” vuelve hacia República Dominicana con la fuerza extraña que adquiere una música cuando se escucha desde lejos; “Mentira” coloca ambición, culpa y herencia migrante dentro de la misma conversación; “Amapolas” y “Me quedo acá” observan el hogar como algo que puede desplazarse con quien lo recuerda. Bachata, pop, R&B y ritmos caribeños aparecen menos como demostración de amplitud que como partes de una identidad que ya no necesita escoger entre sus orígenes. Como agua funciona mejor cuando esa contradicción permanece abierta.
NOREH: “La dura”
NOREH suele escribir como si una relación ya hubiera tenido tiempo suficiente para dejar cicatrices. “La dura” retrocede hasta el momento en que todavía no existe nada seguro: alguien mira, alguien interpreta demasiado, otra persona cuenta una versión incompleta y el deseo se vuelve un pequeño juego de investigación.
Hay humor en la manera en que la canción convierte esa incertidumbre en confianza. “Yo no te gusto, yo te encanto” podría funcionar como simple línea de conquista, pero también contiene toda la dinámica del tema: corregir una historia que alguien más creyó entender demasiado pronto. Después de buena parte de un catálogo construido alrededor de relaciones profundas y sus consecuencias, resulta refrescante escuchar a NOREH quedarse un rato en el territorio anterior, cuando enamorarse todavía puede parecer una provocación y no una tragedia.
duna: f.m.k. / jura
Los dos lados de este sencillo apenas necesitan un par de minutos para contradecirse. “f.m.k.” entra con los dientes afuera: identidad digital, gente que observa demasiado, copias, pequeñas crueldades y ese humor que sólo funciona cuando ya se ha decidido que la sutileza importa poco. “jura” aparece inmediatamente después y retira casi toda esa protección.
Ahí queda alguien despierto imaginando lo que otra persona podría estar soñando. La distancia entre ambas canciones es justamente lo atractivo: arrogancia y vulnerabilidad no aparecen como personalidades distintas, sino como defensas consecutivas de la misma persona. duna no intenta suavizar la transición. Deja que una canción se burle de cualquiera que mire demasiado y que la siguiente admita cuánto importa ser mirada por la persona correcta.
EMJAY: Pop Pesado
“Pesado” funciona mejor aquí como adjetivo emocional que como categoría musical. En su tercer álbum, EMJAY permite que el pop cargue con guitarras, deseo, exceso, inseguridad y glamour sin limpiar demasiado los bordes. Las canciones pueden sonar seguras mientras dicen algo bastante menos estable.
“Obsesión” convierte el deseo en una forma de ansiedad; “como cuesta mentir” deja que la vulnerabilidad aparezca debajo de la pose; “Tirada en el club” termina llevando la noche hasta ese momento en que el brillo ya perdió parte de su efecto. Ximena Sariñana, Alanis Yuki y DannyLux entran en distintos puntos del álbum sin desviar su centro. Pop Pesado encuentra una identidad cuando EMJAY deja de comportarse como si fuerza y fragilidad fueran estados incompatibles.
Hermanos Gutiérrez: Los Ojos Del Cóndor
Una fotografía de su padre en Machu Picchu abrió el camino, pero Los Ojos Del Cóndor no intenta musicalizar una postal. Estevan y Alejandro Gutiérrez utilizan los Andes como un paisaje mental: una cadena que atraviesa países, historias familiares y esa sensación de escala que sus guitarras siempre han sabido sugerir sin necesidad de una sola palabra.
Después del polvo fronterizo de El Bueno y El Malo y la expansión casi extraterrestre de Sonido Cósmico, aquí aparece algo más terrestre. El charango se incorpora a un lenguaje donde todavía caben el western, la psicodelia y el silencio; Estevan vuelve a tocar la guitarra de nylon que recibió de su padre cuando era niño. Dan Auerbach produce nuevamente, pero la transformación importante ocurre en el horizonte: esta vez las canciones no parecen avanzar hacia el desierto. Parecen subir.
Vaticanjail: “DVSL”
Las siglas esconden un Double Vodka Soda Lime, aunque el verdadero intoxicante de “DVSL” es descubrir cuánto espacio aparece después de dejar una relación donde ser una misma parecía excesivo.
Vaticanjail convierte esa liberación en una noche ligeramente fuera de control: graves pesados, voces que flotan por encima del caos y cuerdas que llegan con la euforia de una celebración después de las tres de la mañana. Pero el corazón de la canción está menos en los ex que en las amigas. Girlhood, complicidad y feminidad reemplazan gradualmente la necesidad de ser entendida por alguien que nunca terminó de aceptar todo lo que tenía enfrente. Es el segundo adelanto de this could have been a text, un EP sobre el trayecto incómodo entre apego, ruptura y la vida que empieza cuando la intensidad romántica deja de ser el centro. Llega completo el 1 de octubre.


